Gestión de Intangibles Rss

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Los intangibles en la empresa

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Escrito por admin | en Intangibles

Clases de capital intelectual

Existe una gran variedad de clasificaciones sobre los tipos de Capital intelectual, una de ellas, sería la siguiente:

1.- Capital Estructural.
2.- Capital Relacional
3.- Capital de Emprendizaje.
4.- Capital Humano.

capitalintelectual

Vamos a hacer una pequeña descripción de qué activos intangibles se incluirían dentro de cada tipo o clase de capital intelectual:

1.- Capital Estructural: Por capital estructural entendemos el conocimiento que la organización consigue explicitar, sistematizar e internalizar y que, en un principio, puede estar latente en las personas y equipos de la empresa. Aquí incluiríamos todos aquellos conocimientos estructurados de los que depende la eficacia y eficiencia interna de la empresa, tales como, sistemas de información y comunicación, tecnología disponible, procesos de trabajo, patentes y sistemas de gestión (ERP, bases de datos, herramientas de gestión económica, etc).

Dentro del mismo, se hace diferencia entre el capital tecnológico (capacidad para utilizar el conocimiento y la tecnología) y el capital organizativo (conjunto de herramientas y/o métodos para la gestión del conocimiento) El capital Estructural es propiedad de la empresa y permanece en la organización cuando las personas que la integran ya no están. Un sólido capital estructural facilita una mejora en el flujo de conocimiento e implica una mejora en la eficacia de la organización.

Para que se pueda conocer la situación de una empresa con respecto a su capital estructural habrá que analizar la cultura de la empresa, su estructura y modelo de gestión, cuáles son sus principales productos o servicios, el sector en el que operan, sus procesos, estándares de calidad, sistemas de información y comunicación, canales de difusión externa y la propiedad intelectual de la empresa (patentes, marcas, etc).

2.- Capital Relacional: Es el valor que tiene para una empresa el conjunto de relaciones que mantiene con el exterior. La calidad y sostenibilidad de la base de clientes de una empresa, su potencialidad para generar nuevos clientes en el futuro, son cuestiones clave para su éxito, como también lo es el conocimiento que puede obtenerse de la relación con otros agentes del entorno (alianzas, proveedores, safisfacción de clientes…)

Para valorar la situación de la empresa con respecto a su capital relacional, deberemos fijarnos en los proveedores: tipología y relaciones con ellos, el conocimiento que la empresa tiene de sus proveedores y de sus potenciales proveedores, análisis de la posibilidad de sustitución de los mismos, garantías de suministro. También debemos conocer a los competidores: tipología, estrategia, etc. A sus clientes: tipología, cuota de mercado, potencialidad de nuevos clientes, la política de la empresa en cuanto a sus clientes. Y al resto de actores con quien se relaciona: relaciones con instituciones, accionistas, inversores, existencia o posibilidad de establecimiento de alianzas, cooperación, etc.

3.- Capital de emprendizaje: Con el nos referimos, en términos generales, al conjunto de políticas organizativas que potencian la creación de un mercado abierto para las ideas y para experimentar. Dentro del capital de emprendizaje podemos distinguir entre el capital imaginativo, que reside en las competencias y actitudes de las personas de la organización que facilitan la búsqueda de soluciones a la necesidades que plantea la empresa y el cliente. Y el capital de innovación, que viene a ser el potencial o capacidad innovadora de la empresa.

Se puede evaluar el capital de emprendizaje de una empresa si se analiza y reflexiona sobre su capacidad de innovación, esto es, las acciones desarrolladas para potenciar la innovación, el desarrollo de nuevos productos, la existencia de equipos para innovar en la empresa. Y sobre su capacidad imaginativa: localización de la innovación en la empresa, formalización de esta actividad, etc.

4.- Capital Humano: Lo constituye el conocimiento (explícito o tácito) que poseen las personas y equipos de la organización, el que son capaces de generar en el desarrollo del trabajo individual o grupal, y que es útil para la organización. El capital humano es la base para la generación de otros tipos de capital intelectual. El capital humano no es propiedad de la empresa sino que pertenece a las personas que integran la organización.

Para averiguar cuál es el capital humano de una organización habrá que analizar el organigrama de la empresa, la distribución de la plantilla, la política de recursos humanos, la formación, los sistemas de comunicación interna que fomentan el intercambio de ideas, las herramientas de medición de la satisfacción interna y resultados de la misma, la actitud y aptitudes del personal, entre otros aspectos.

¿Qué son los activos intangibles?

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Tradicionalmente, para conocer el valor de una empresa hemos acudido a los balances y cuentas de resultados, herramientas contables que nos proporcionaban información sobre la situación y valor de los activos de la empresa, en concreto, de sus activos materiales y tangibles tales como los edificios, instalaciones, capital social, etc.

Pero en la actualidad, las organizaciones son conscientes de que su capacidad para diferenciarse de sus competidores no reside en dichos activos físicos, fuerza de trabajo y capital. Hoy en día encontramos compañías que triunfan y que apenas cuentan con fábricas, máquinas, terrenos y locales propios para realizar su trabajo. Sus valores en libros están hasta un 90% por debajo del valor con que son cotizadas en bolsa y que otras empresas de igual éxito. Tal es el caso de Microsoft, cuya capitalización de mercado es cercana a los 70.000 millones de dólares, a pesar de poseer escasos activos tangibles.

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¿Qué factores son entonces los que determinan el éxito empresarial? Entre otros, la capacidad de innovación y adaptación a los cambios del entorno, las estrategias de marketing, los conocimientos técnicos y especializados de la plantilla y su experiencia, la propiedad intelectual, la fidelidad de sus clientes o las relaciones con el entorno. Todos estos valores los aglutinamos bajo la denominación de Activos Intangibles o Capital Intelectual de las organizaciones. La relevancia que día a día están adquiriendo estos valores la ilustra a la perfección el ejemplo de Microsoft.

Una metáfora que nos permite visualizar mejor qué son los activos intangibles (o capital intelectual) y cuál es su importancia consiste en comparar una organización empresarial con un árbol, en el que hay una parte visible (las frutas o los resultados financieros) y una parte que está oculta (las raíces o el capital intelectual). Si solamente te preocupas por las frutas, será necesario que las raíces estén sanas y nutridas. Las empresas que únicamente se concentran en los frutos (los resultados financieros) e ignoran los valores escondidos (el capital intelectual), a largo plazo no subsistirán.

Resulta complicado establecer una definición concreta sobre qué se entiende por Activos Intangibles o por Capital Intelectual pero, en líneas generales, podemos decir que son el conjunto de activos estratégicos de la organización, susceptibles de generar valor para las empresas y que no pueden, desde el punto de vista legal, ser recogidos en los estados contables por su carácter inmaterial.

No todos los activos intangibles que una empresa posee constituyen una fuente de ventajas competitivas sostenibles. Tan sólo lo son aquellos que contribuyen a la generación de valor económico en la organización.

Por esta razón, resulta esencial que la empresa identifique y gestione adecuadamente estos activos intangibles, ventajas competitivas o factores de éxito, como también se les denomina. En primer lugar, porque le permiten la generación de valor para el cliente garantizando su continuidad en el mercado y en segundo lugar porque, además, le diferencian de su competencia.

Es necesario que las ventajas competitivas existentes en la empresa y aquellos factores de éxito que se han identificado como relevantes para su supervivencia, se tengan en cuenta a la hora de formular estrategias. Sobre todo si lo que se pretende es implantar esas estrategias con ventaja en el entorno actual, cambiante y altamente competitivo.

Teniendo en cuenta estas consideraciones, podríamos añadir que el conjunto de competencias y capacidades, tanto las existentes como las que sea preciso incorporar y, sobre todo, aquellas directamente relacionadas con la misión, los objetivos y la estrategia, constituyen el capital intelectual de la empresa.

Existen numerosos casos de grandes corporaciones, por todos conocidos, que ejemplifican lo que constituye el capital intelectual. Pero también existen ejemplos de pequeñas empresas que son conscientes de que su futuro pasa por la identificación de aquello que les hace diferentes a las empresas de su entorno y les permite continuar en el mercado en términos de competitividad.

El grupo Celemi

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Esta sociedad, dedicada a servicios de consultoría en dirección de empresas y formación inicia un programa en 1993, dirigido por Karl Sveiby; similar al del grupo Skandia. Publican desde 1995 un Balance de Capital Intelectual como complemento a su memoria anual.

Para Karl Sveiby, director del proyecto, las dimensiones más representativas del valor intangible en la empresa son en primer lugar, su capacidad de crecimiento y renovación, que directamente están unidos a la fuerza innovadora existente en la organización. Adicionalmente, Sveiby propone la medida del rendimiento a través del incremento de ventas por cliente, la productividad de la plantilla desde el punto de vista de costes directos e indirectos y el valor añadido total. Una tercera dimensión empleada es la estabilidad expresada en valores de las tasas de rotación en las tres áreas principales de control: clientes, organización y plantilla; o bien tal y como se representa en la matriz de Celemi:

• Estructura Externa.
• Estructura Interna.
• Recursos Humanos.

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El modelo Skandia

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Casi simultáneamente con el inicio del proyecto de Norton y Kaplan, en Suecia el Grupo Skandia, dedicado a actividades financieras y de seguros, decide estudiar el impacto potencial de los factores intangibles de sus activos, iniciando una serie de estudios sobre estos temas. El proyecto culminó con la creación de una división de capital intelectual dentro de la sociedad. La división, que hoy tiene nivel de vicepresidencia, está dirigida por Leif Edvinson, hoy día uno de los expertos reconocidos mundialmente en este campo, y que se ocupa de llevar a cabo todo un programa de gestión del conocimiento en el seno del grupo.

Skandia, hace público desde el año 1995, junto con su memoria anual, un informe de capital intelectual, que complementa el balance oficial de la sociedad.

Es importante destacar la actitud claramente innovadora en este campo del grupo Skandia, que no tiene inconveniente en difundir sus criterios internos de valoración de gestión, y los indicadores empleados en el proceso. La dirección del grupo, considera que esta información, suministrada a los accionistas y al público en general beneficia a la sociedad, porque proporciona una información detallada del potencial de la empresa y la calidad de las estrategias empleadas para su desarrollo.

A efectos de la comunicación, tanto externa como interna, Skandia utiliza un modelo que denomina Navegador, donde se representan las cinco dimensiones adoptadas en la gestión de intangibles:

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Para la elaboración del navegador se emplean diferentes tipos de variables; algunas, procedentes de los estados contables, que ofrecen una mayor objetividad (como ejemplo podemos citar los activos fijos, las ventas por empleado, o los ingresos procedentes de nuevos clientes). Otras variables, por el contrario son en gran medida de puntuación y percepción.

A título de ejemplo es interesante señalar el hecho de que se evalúe el grado de éxito de los clientes de la empresa en el ámbito de la actividad que les es propio. Skandia considera que el éxito de su actividad está a su vez estrechamente unido al de las empresas a las que presta servicios, especialmente cuando éstos implican una relación de largo plazo, y consecuentemente desea reflejar este factor en su gestión.

Como ejemplo de otros indicadores de factores intangibles podemos mencionar:

- La imagen corporativa.
- La fidelidad de los empleados.
- El coste de los errores administrativos internos.
- El índice de satisfacción de los empleados.
- En número de productos con menos de dos años de antigüedad.
- El nivel de formación interna en sistemas informáticos.

Para dar una idea del nivel de complejidad que supone la elaboración del sistema, basta decir que el conjunto del navegador utiliza más de 100 indicadores; para acotar sus cinco dimensiones básicas. No obstante el esfuerzo que supone para la empresa, ésta se encuentra muy satisfecha del proyecto, habiendo creado recientemente en un instituto de investigación dedicado al estudio de la gestión de intangibles denominado Skandia Future Centre.